Cuando decidimos iniciar los estudios normalmente sólo nos formamos en lenguaje musical e instrumento, pero cuando alcanzamos un nivel mínimo de conocimientos en ambos campos ya podemos acceder a las agrupaciones: Banda, orquesta de cámara, orquesta sinfónica...
Pertenecer a una agrupación musical siempre es enriquecedor. Ponemos en práctica todos nuestros conocimientos y recursos musicales, practicamos la sincronización con los compañeros a través de la figura del director y nuestro oído y atención. La afinación, retos como seguir la partitura pase lo que pase, conocer a otros compañeros, conocer nuevo repertorio inabarcable en las clases individuales... Todo nos hace crecer.
Las grandes dificultades de las agrupaciones son la afinación y aprender a empastar. El director nos va a ayudar dando entradas, directrices de matices o fraseos. Es el líder y todos debemos seguir sus indicaciones.
Además en las agrupaciones, al contrario que en las clases individuales semanales, aprendemos a ser parte de un grupo, nuestro papel es exactamente igual de importante que el de el resto de integrantes de la agrupación, da igual que ser violín primero o último atril de contrabajos y por eso debemos esforzarnos por el bien del grupo, ni destacar ni escondernos.
Y por último al participar en una agrupación estamos dando sentido a todas esas clases (lenguaje musical e instrumental) y tanto esfuerzo que supone el estudio semanal ya que aquí ponemos en práctica todo lo aprendido, toda nuestra técnica. Y como culmen podrás disfrutar de la emoción del concierto sin pasar los nervios de las audiciones individuales. Es muy emocionante vivir desde dentro el concierto tan preparado durante meses junto a tus compañeros y además ¡nos premian con aplausos! ¿Qué más se puede pedir?
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